La
eficacia de todo aprendizaje realizado a través del estudio depende,
en gran medida, de la voluntad del que estudia. El empleo a fondo de nuestras
posibilidades intelectuales requiere un gran esfuerzo que no sería
posible sin el empeño de la voluntad.
Cualquier intento de estudio será en vano si no se tiene interés
por lo que se estudia, pues sólo el interés es capaz de evitar
la distracción. La curiosidad por la materia de estudio es sin duda
la primera fuente de interés; y en ese sentido, una buena disposición
aumentará la capacidad de comprensión, que es el principio
del aprender.