El combustible fósil, que fue como la sangre que hizo posible el desarrollo industrial y tecnológico del siglo XX (un verdadero milagro), paradójicamente se ha convertido en el mayor generador de conflictos sobre la Tierra. El poder político y económico del planeta, apoderándose de las reservas petroleras, las usa para zarandear como le viene en gana a la humanidad entera, despojándola de todos sus bienes solo para cubrir su ambición y su sed de riqueza. Sin el menor escrúpulo, confabulan y desatan guerras, generan hambrunas, calientan y contaminan el planeta e impiden a toda costa el desarrollo exitoso de cualquier fuente de generación de energía alternativa.
¿Hasta cuándo habremos de aguantar? Dios ha sido grande y generoso con la humanidad. Nos ha dado lo que necesitamos para vivir. Solo tenemos que aplicar la inteligencia y el mandato genético de vivir en sociedad, compartiendo los bienes que generosamente nos provee la Tierra, para alcanzar el desarrollo armonioso y la felicidad a la que todos aspiramos y tenemos derecho. Sin embargo, nos empeñamos en ir contra corriente, haciendo uso irracional de los recursos, sin equilibrio y con desenfreno, desnaturalizando la esencia de las cosas. Por ese camino solo iremos al abismo y la destrucción total. ¿Tendremos que llegar a tal calamidad para aprender a vivir en sociedad? ¿Es realmente el agotamiento de reservas petroleras o el consumo exorbitante que de este hacen las sociedades industriales el origen del gran problema que hoy enfrenta la humanidad? ¡No! ¡Rotundamente, No!
Hay todo para todos. El problema es la distribución. O si se quiere ver desde otro punto de vista, el problema es la (excesiva) acumulación. Así, tenemos opulencia y derroche de un lado, mientras que la inmensa mayoría vive en la pobreza extrema, sin agua, sin alimentos, sin trabajo, sin salud… El problema no es de combustibles, ni de energía. Es de conciencia, es de falta de sensibilidad. El problema es de egoísmo, es de desamor o de falta de amor. Es que vamos o pretendemos vivir en contra de nuestra naturaleza misma. Hemos recibido el mandato de vivir en sociedad, de vivir en armonía, de ocuparnos el uno del otro, de compartir y sin embargo, nos empeñamos en vivir solos, ocupándonos tan sólo de satisfacer nuestras necesidades, nuestros gustos, nuestros caprichos. Esto se replica aquí y allí, en una sociedad que hemos hecho a nuestra medida. ¡Ese es nuestro problema! ¡Nuestro problema no es energético! ¡Nuestro problema es de humanidad! ¡O mejor aún, de falta de humanidad! ¿Palabrería? ¿Sermón barato? ¡No señor! Según renombrados científicos del MIT, en tan solo una hora la Tierra recibe del Sol toda la energía que requiere en un año. Llegado el momento, gracias a nuestra inteligencia, lo hemos descubierto. Sólo falta desarrollar un sistema que permita almacenarla en las proporciones adecuadas. Eso es cuestión de un poco más de tiempo. Estamos en camino. Revisa estos videos: Daniel Nocera describes new process for storing solar energy MIT team explains cost-efficient solar power system Solar dish demonstration Es posible que en 10 años ya no tengamos que recibir por cable la corriente para nuestros hogares. ¡Se dan cuenta! ¡En diez años! Es decir, “ahorita”. ¿Qué pasará con las millonarias inversiones que se vienen proyectando y desarrollando tomando como fuente de energía el petróleo o el gas? ¿Alguien lo ha previsto? Y es seguro que hace años estaríamos utilizándo intensivamente esta fuente de energía (la solar), si con un poco de desprendimiento los que detentan el poder económico y político lo hubieran dedicado a su investigación y desarrollo, en vez de a la absurda guerra de Irak, por ejemplo.
¿Entonces, el problema es de energía? No señores. El problema es de convivencia, de humanidad. Este es el reto que debemos afrontar. ¡Ojalá Internet, que nos mantiene más estrechamente comunicados y que fomenta la sociabilización y el compartir, nos ayude a acelerar este cambio, para bien de la humanidad! 
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